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Educar Pozuelo

Educar Pozuelo

Los diferentes padres tienen diferentes estilos educativos y estos tienen diferentes consecuencias en los hijos. Marta fue a una conferencia de Psicología Europa la semana pasada, y esta frase se quedo resonando en su cabeza. ¿Qué tipo de madre sería ella? ¿Estaría afectando de alguna manera negativa a su hijo?

Educando autoritariamente:

Padres que sólo atienden a sus criterios y los tratan de implantar en todo momento sin considerar las circunstancias y los matices que se dan en cada situación. Son padres que presionan continuamente a sus hijos y los tratan considerándolos incapaces de pensar por su cuenta.

Suelen ser padres que consideran una agresión el que sus hijos manifiesten sus opiniones, para ellos la “obediencia sin discutir”, el “rigor en la disciplina” y el orden de que “todo esté en su sitio” prevalece muy por encima de las relaciones afectivas.

Normalmente son padres fríos, que muy probablemente han sido educados de la misma manera en que se están comportando con sus hijos, son padres que tienen muchas deficiencias en el manejo de sus propias emociones y afectividad, manifestando una gran inseguridad en ellos mismos, que tratan de manejar creando un ambiente a su alrededor donde “todo esté controlado”, los hijos al necesitar de su afecto y relación serán víctimas de la situación haciéndose por regla general muy dependientes de sus progenitores, sumergiéndose en una dinámica por la que desertan de la propia capacidad para enfrentarse a las dificultades en la medida en que es cortada y censurada sin contemplaciones cualquier tipo de iniciativa en ese sentido.

Ante esta situación extrema que hemos descrito (pero más frecuente de lo que se piensa) los adolescentes tienen dos caminos por los que echar a andar; por un lado rebelarse contra la autoridad no sólo contra la de sus padres sino desafortunadamente también con todo aquello que socialmente impliquen normas sociales y esté revestido y simbolice autoridad.

Estos niños tratados de siempre con frialdad emocional y un rígido autoritarismo y a veces con violencia, al llegar a la adolescencia pueden dar un paso más allá del oposicionismo y de la rebeldía normales que se dan en esta etapa, formalizando en muchos casos conductas claramente antisociales donde de forma continua se reta a la autoridad como forma de ejercer la propia identidad.

En su etapa de adolescencia el mundo que les rodea será catalogado y vivenciado por ellos como muy hostil, incapaz de acogerles cálida y afectuosamente y desconfiarán de todo lo que sea normas por haberlas sentido de siempre “vacías de afecto” y porque siempre han sido motivo de censuras, reprimendas y agresiones, respondiendo ante esta situación de forma autodestructiva, rechazando los valores sociales que representa para ellos el mundo de los adultos e introduciéndose en una espiral de acción – reacción que reforzará de forma continuada sus conductas de violento rechazo a la autoridad y a las normas sociales.

El otro camino por el que pueden verse abocados a transitar sobre él es adaptarse a la situación identificándose con el agresor y rechazando las propias opiniones o criterios a la hora de actuar o de simplemente opinar, donde toda ley paterna será norma incuestionable y donde el adolescente no logra su independencia necesaria para su ingreso en el mundo adulto, pues se ha introyectado en el propio ser que tener y expresar las propias opiniones así como tomar decisiones es algo malo y además fuera de sus posibilidades pues desde siempre se le ha coartado al intentar hacerlo.

Educando permisivamente:

Son padres que han desertado de ejercer como tales y muchos de ellos camuflan esta deserción en una equivocada y falsa “liberalidad”, algunos de ellos dicen: “yo soy amigo de mis hijos”, cosa totalmente absurda simplemente porque no es viable, los amigos de nuestros hijos son los compañeros de su edad con los que se relaciona en su grupo, y no la generación anterior y mucho menos sus padres que socialmente tienen un rol o papel y función esencial y cualitativamente diferente al de la amistad, otra cosa es que cuando el hijo adolescente se ha convertido en adulto se produzca el reencuentro padres – hijos desde la confianza y la sintonía de valores pero ni aún en ese momento se tratará de amistad.

El resultado de actuar con total permisividad con los hijos será demoledor y dónde más se pondrá conflictivamente en evidencia el error de haber educado sin reglas será precisamente durante la adolescencia.

Los padres en este caso no dan un modelo coherente y estable de actuación a sus hijos y a la vez cometen un gravísimo error: “no les dan normas claras de actuación”, y el privar a los hijos de normas es dejarles perdidos y desorientados, es privarles de algo tan imprescindible para el desarrollo de su personalidad como es el tener marcos de referencias, mapas de actuación que les sitúen en el mundo y en la vida, algo que les es imprescindible para su orientación.

Niños educados en un ambiente básicamente permisivo no tendrán nada claro hasta donde pueden llegar en sus deseos y hasta donde no. Los límites están muy difuminados, de tal forma que al no haber asumido claramente lo que les está y no les está permitido, serán incapaces de hacer algo básico que todo niño debe aprender: “desplazar la gratificación en el tiempo”, el no tener este aprendizaje tan fundamental puede implicar con mucha probabilidad una inadaptación no sólo en la infancia y en la adolescencia sino también en la vida adulta para manejarse tanto con los demás como respecto a las normas sociales.

Serán niños y adolescentes sin tolerancia a la frustración, con la necesidad de la gratificación inmediata, “lo quiero ahora y lo tengo ahora”; a ello es a lo que se les ha habituado al no darles normas claras, limitándoles gravemente como consecuencia el desarrollo de una personalidad madura y responsable, donde piensan y sienten con toda naturalidad que sus derechos y sus deseos tienen siempre preferencia sobre los derechos y los deseos de los demás.

La tolerancia a la frustración, el saber desplazar la gratificación sin que esta tenga que ser inmediata, el tener claro que hay cosas en la vida que hay que hacer aunque no nos guste, el aprendizaje del rendimiento sostenido en los estudios, el hábito del esfuerzo, el respeto a las personas, el no eludir las responsabilidades y el autosacrificio, todo ello pasa por la incorporación de normas, todo ello pasa por el haber asumido límites a nuestras actuaciones, deseos y caprichos, todo ello pasa por haber aprendido a tolerar la frustración.

Educando sobreprotegiendo:

Otra forma de educar y relacionarse con los hijos que también producirá efectos negativos y no deseados es “protegerles en exceso”, es decir; tratar a los hijos como si siguieran siendo tan débiles y dependientes de nosotros como lo eran durante su primera infancia, consiguiendo efectivamente el que sigan dependiendo de nosotros pero a cambio de condicionar su personalidad de tal modo que no les va a ser de gran ayuda en la vida, pues estos niños con exceso de dependencia al llegar a la adolescencia serán tímidos, inseguros, indecisos, con deficiencias para establecer relaciones con sus compañeros de igual a igual, sumisos, ineficaces a la hora de defender sus derechos, y en casos extremos serán objeto de rechazo o lo que es peor, de violencia por parte de compañeros que han percibido en su inseguridad básica e incapacidad de ejercer un yo fuerte un lugar y un motivo para descargar sus frustraciones y agresividad.

En esta situación en realidad los dependientes son los propios padres que así actúan. El niño criado así será “dentro de casa” caprichoso e intolerante y según va cediendo al chantaje de la sobreprotección y va creciendo se irá convirtiendo en un “dictador” terminando por dominar al dominador, y en cualquier caso sumido en un mundo de dependencias mutuas que le incapacitará para establecer en la edad adulta relaciones afectivas maduras y gratificantes.

Tampoco estaría de más pensar que con esta actitud les retenemos innecesariamente en casa, dificultándoles seriamente la “salida del nido” y creándoles o acentuándoles el “síndrome de Peter Pan” que tan acertadamente ha descrito el Profesor Aquilino Polaino-Lorente, esto es: el aferrarse al “país de nunca jamás” o lo que es lo mismo: no querer crecer.

Educando con amor, caricias y normas:

Educar es crear junto con nuestros hijos una bonita canción, y toda canción tiene una letra y tiene una música, cuando la letra y la música están equilibradas y “marchan juntas” la canción suena bien.

Educando a nuestros hijos la letra serán las normas y la música serán las caricias, ambas cosas: normas y caricias, ternura y orientación, son imprescindibles para nuestros hijos, si sólo damos normas malo, si sólo damos caricias malo también.

Tan malo es dejarles hacer lo que les dé la gana como el ser de una frialdad afectiva rotunda, nuestros hijos necesitan el amor que les da la seguridad de ser aceptados y necesitan el amor que les da las limitaciones que les ponemos para su protección y desarrollo.

Los niños educados con caricias y normas equilibradamente, al llegar a la adolescencia tendrán que enfrentarse y resolver como los demás todos los problemas que en esta etapa de la vida se les presenta y que hemos visto que afectan a todo su ser, pero no irán “vacíos de equipaje”; tendrán en su interior la confianza y la seguridad básica que les permitirá manejar sus propias tensiones con eficacia y soportar las frustraciones sin desesperar ante cualquier contratiempo o adversidad, además sabrán que nos tienen, que estamos ahí incondicionalmente para entregarles nuestra ternura y nuestra orientación.

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En general los padres lo hacemos bastante bien, al menos lo mejor que podemos, pero también es verdad que siempre se puede limar alguna cosilla para mejorar. Si hay algo con lo que te has sentido identificado en el artículo, no lo dudes y ponte en contacto con nosotros ahora mismo. Te atenderá directamente un terapeuta que puede resolver todas tus dudas de manera totalmente gratuita, llamarnos no te compromete a nada.

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Paloma Díez, directora de Psicología Europa tu psicólogo en Pozuelo. Centro especializado.

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